Cambio climático y cáncer: un desafío urgente de salud pública
Karla Yohannessen Vásquez¹,²,³; Nimsi Pastén Fuenzalida¹,²; María Teresa Muñoz Quezada¹,³
1- Escuela de Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad de Chile
2- Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2)
3- Centro para la prevención y control del cáncer, CECAN
El cáncer, una de las principales causas de mortalidad a nivel global, y el cambio climático, la mayor amenaza para la salud pública de nuestro tiempo, son dos desafíos interconectados que requieren atención urgente.
La relación entre el cambio climático y el cáncer es compleja y a menudo multifactorial, con interacciones entre ambos.
Lejos de ser problemas aislados, la evidencia es clara: las alteraciones ambientales y climáticas provocadas por la actividad humana influyen tanto en la aparición del cáncer como en la capacidad de los sistemas de salud para realizar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de esta enfermedad.
Historia natural de la enfermedad
Para entender cómo el cambio climático se relaciona con el cáncer, resulta muy útil conocer el modelo de historia natural de la enfermedad (Leavell y Clark, 1965). Este modelo se utiliza ampliamente para estudiar el comportamiento de una enfermedad antes, durante y después de la aparición de signos y síntomas.
La Figura 1 muestra la aplicación de este modelo a una enfermedad cualquiera, en la que es posible identificar un período prepatogénico (antes de la enfermedad), un período patogénico (durante la enfermedad) y un período postpatogénico (después de la enfermedad).

Figura 1. Modelo de historia natural de la enfermedad.
El período prepatogénico es el período en el que las personas no tienen la enfermedad; sin embargo, están expuestas a factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de una o más enfermedades.
Estos factores de riesgo pueden ser comportamientos de las personas, como, por ejemplo, el tipo de dieta, la frecuencia con que hace ejercicio, el hábito de fumar, entre muchos otros, así como también exposiciones ambientales, como la contaminación del aire, sustancias químicas en el agua y los alimentos, y factores relacionados con el clima (por ejemplo: temperaturas extremas o desastres naturales).
La duración de este período dependerá del factor de riesgo y del tipo de enfermedad, pero es importante saber que la exposición a múltiples factores de riesgo puede acelerar su aparición.
Este período es muy importante, ya que es cuando se puede prevenir la enfermedad mediante la promoción de estilos de vida saludables y la reducción de las exposiciones a factores de riesgo, lo cual se denomina prevención primaria y se enfoca evitar que la enfermedad ocurra.
El período patogénico es el período en el que las personas presentan la enfermedad y puede dividirse en 2 fases. Una primera fase asintomática, en la que la persona aún no sabe que tiene la enfermedad debido a la ausencia de síntomas y, por lo tanto, no consulta por su estado de salud.
En esta fase, es muy importante la detección precoz para identificar la enfermedad antes de que una persona presente síntomas (por ejemplo: glicemia en ayunas, exámenes cognitivos, mamografía), de manera que la enfermedad se detecte en etapas iniciales y comenzar con el tratamiento lo antes posible.
En la segunda fase, sintomática, la persona presenta signos y síntomas que la llevan a consultar por su estado de salud. En esta fase, es muy importante realizar una rápida confirmación del diagnóstico que permita iniciar el tratamiento oportunamente.
Tanto la detección precoz como el tratamiento oportuno son los pilares de la prevención secundaria, cuyo objetivo es intervenir rápidamente para facilitar la recuperación o garantizar la mayor longevidad y bienestar posibles.
El período postpatogénico puede presentar 3 resultados principales: la recuperación completa, la mantención de la enfermedad (crónica) o la muerte. La prevención terciaria, en este período, apunta a que la persona recuperada no vuelva a enfermar y, en caso de que la enfermedad persista en forma crónica, sea controlada y sin descompensaciones.
El modelo de historia natural de la enfermedad se puede aplicar a distintas enfermedades y tanto su duración total como la de cada período, puede ser muy diferente entre cada una de ellas, por ejemplo, en una enfermedad respiratoria aguda (ej. gripe), la duración de la historia natural está en un rango de 5-10 días, mientras que en una enfermedad crónica (ej. enfermedad del corazón) la duración de la historia natural puede ser de muchos años.
En general, la duración de la historia natural del cáncer se asemeja a la de una enfermedad crónica.
Impacto del cambio climático en la historia natural del cáncer.
El cambio climático puede afectar los distintos períodos de la historia natural del cáncer.
En la Figura 2 se muestra el modelo de historia natural aplicado al cáncer de forma genérica; en él podemos visualizar cómo el clima impacta en tres momentos clave: antes de enfermar (prevención), durante la enfermedad (diagnóstico y tratamiento) y después de ella (seguimiento).

Figura 2. Modelo de historia natural de la enfermedad aplicado al cáncer.
Esta publicación abordará los impactos del cambio climático en los distintos períodos de la historia natural de la enfermedad; no obstante, hay que tener en cuenta que existen otros factores de riesgo que inciden en el desarrollo y la evolución del cáncer, acelerando o agravando los efectos que se detallarán a continuación.
Período prepatogénico: cuando la prevención es clave
En esta etapa, el individuo está sano, sin cáncer. Esto se representa por un órgano del cuerpo con todas sus células sanas (Figura 2), pero que está expuesto a múltiples factores de riesgo. Es importante señalar que las investigaciones sobre los efectos del cambio climático en la aparición del cáncer plantean grandes desafíos, principalmente porque hay un gran intervalo de tiempo entre la exposición a factores climáticos y la aparición de las primeras alteraciones celulares que pueden desencadenar la enfermedad.
En esta etapa, la salud pública desempeña su rol preventivo más crucial. Las principales exposiciones a través de las cuales el cambio climático se relaciona con la aparición de cáncer incluyen factores modificables como la contaminación atmosférica, la exposición a la radiación ultravioleta, las interrupciones en el suministro de alimentos y agua, la exposición a tóxicos industriales y las causas infecciosas de cáncer.
Exposiciones | Mecanismo | Tipo |
Contaminación atmosférica |
| Cáncer de pulmón |
Radiación ultravioleta (UV) |
| Cáncer de piel |
Suministro de alimentos |
| Cáncer de colon y recto, mama, hígado |
Tóxicos industriales |
| Cáncer de vejiga |
Pesticidas (uso agrícola y doméstico) |
| Linfoma no Hodgkin, Leucemias, cáncer de próstata, mama, pulmón |
El cambio climático hace que estos factores sean más omnipresentes, actuando como un "multiplicador de amenazas" que intensifica la exposición a carcinógenos, lo cual resulta muy difícil de controlar de forma individual. Por ello, la prevención primaria no puede depender solo del autocuidado; requiere políticas públicas ambientales robustas.
Período patogénico: el impacto en el diagnóstico y tratamiento
Cuando la enfermedad está presente, el tiempo es vida. En este período, la exposición crónica a carcinógenos o la combinación de factores de riesgo ha provocado el inicio de la transformación celular y se produce el inicio biológico de la enfermedad (Figura 2).
En una primera etapa, el cáncer se desarrolla sin síntomas evidentes.
Para que la detección precoz sea efectiva, el paciente debe poder acudir al examen. Sin embargo, el cambio climático puede afectar indirectamente al retrasar el acceso a programas de detección temprana debido a la disrupción de los servicios de salud, a la priorización de atenciones derivadas de eventos climáticos extremos o desastres, o a la dificultad de acceso físico. Esto implica la pérdida de oportunidades de diagnóstico precoz y de tratamiento oportuno.
En la fase sintomática, el impacto del cambio climático se vuelve más crítico para el pronóstico; las interrupciones en el sistema de salud por eventos climáticos extremos pueden retrasar el diagnóstico, lo que lleva a que la detección de la enfermedad ocurra en etapas más avanzadas.
Además, el acceso a tratamientos oncológicos (cirugía, quimioterapia, radioterapia) puede verse comprometido por la destrucción de infraestructuras, los cortes de energía, la escasez de personal o de medicamentos, o incluso la dificultad de los pacientes para llegar a los centros de atención.
Los eventos climáticos extremos incluyen olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, inundaciones, ciclones (huracanes), incendios forestales y tormentas severas, y están aumentando en frecuencia e intensidad debido al cambio climático. Chile es un territorio de alta vulnerabilidad, cumpliendo con la mayoría de los criterios globales de riesgo climático.
Los patrones meteorológicos se han vuelto erráticos y los eventos extremos van en aumento, afectando no solo la infraestructura y los recursos hídricos, sino impactando de forma crítica y directa la salud pública.
Período Postpatogénico: Seguimiento y Supervivencia
El impacto no termina con el alta médica. En la fase de recuperación o de control de la enfermedad, el seguimiento postratamiento y la rehabilitación son vitales para evitar recurrencias. Los eventos climáticos extremos pueden interrumpir la comunicación entre médico y paciente o dificultar la rehabilitación física.
Además, se debe considerar el impacto psicológico, un paciente en recuperación que enfrenta un desastre climático sufre una doble carga de estrés, lo que puede afectar su sistema inmune y su pronóstico general.
En resumen, el cambio climático puede provocar importantes alteraciones en la infraestructura y la capacidad operativa de los sistemas de atención médica, que derivan en retrasos en el diagnóstico y el tratamiento, así como en la falta de seguimiento. Esto puede llevar a una mayor morbilidad, recurrencia y mortalidad, afectando a todos los tipos de cáncer.
Por lo tanto, uno de los grandes desafíos en este período proviene de la interrupción de los sistemas de atención de salud necesarios para abordar la prevención secundaria y terciaria del cáncer, en términos de diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
La acción climática como prevención oncológica
En síntesis, el cambio climático compromete la infraestructura sanitaria, ocasionando retrasos en los diagnósticos y tratamientos, así como interrupciones en el seguimiento. Estas fallas se traducen en un aumento de la morbilidad y la mortalidad, con un impacto transversal en todas las patologías oncológicas.
Sin embargo, el enfoque no puede ser solo reactivo. Desde la salud pública, la verdadera prevención primaria radica en abordar la causa raíz: el cambio climático. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no es solo una meta ambiental; es una estrategia sanitaria urgente para disminuir la exposición poblacional a carcinógenos críticos, como la contaminación atmosférica, tóxicos en el agua y radiación UV alterada, entre otros.
Es imperativo que los Planes Nacionales de Cáncer y las estrategias de Cambio Climático se integren bajo una visión única, con una respuesta dual: una preventiva que reconozca la lucha contra el cambio climático como una herramienta esencial para reducir la incidencia del cáncer, y una resiliente que prepare a los servicios de salud para garantizar la continuidad del tratamiento de cada paciente frente a la crisis climática.
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