Cáncer y trabajo: un desafío aún ausente en la agenda pública
- 16 mar
- 3 Min. de lectura
Por Daniela Sugg
Economista de la Salud

El aumento de diagnósticos en edad laboral obliga a mirar más allá del sistema de salud y comprender el impacto del cáncer en el empleo, la productividad y la protección social.
Cuando se habla de cáncer, la discusión suele centrarse en el acceso a diagnóstico oportuno, tratamientos y financiamiento del sistema de salud. Sin embargo, existe una dimensión del problema que ha recibido mucha menos atención en el debate público: su impacto en el mundo del trabajo y en la productividad de las economías. A medida que los diagnósticos comienzan a ocurrir con mayor frecuencia en edades activas, esta dimensión adquiere creciente relevancia social y económica.
La evidencia internacional muestra que una proporción significativa de los diagnósticos de cáncer ocurre en personas en edad de trabajar. A ello se suma una tendencia preocupante: el aumento del cáncer de inicio temprano —diagnosticado antes de los 50 años— cuya incidencia global ha crecido más de 79% entre 1990 y 2019. Este cambio epidemiológico tiene implicancias que van más allá del ámbito sanitario, ya que afecta directamente la continuidad laboral, las trayectorias profesionales y la productividad de las personas.
Diversos estudios muestran que el cáncer genera disrupciones importantes en la vida laboral. Licencias médicas prolongadas, reducción de jornadas, cambios en el tipo de empleo o dificultades para reintegrarse al trabajo son experiencias frecuentes entre quienes enfrentan esta enfermedad. Incluso cuando las personas logran mantenerse activas laboralmente, los efectos del tratamiento —como fatiga, dolor o deterioro cognitivo— pueden traducirse en reducciones significativas en el rendimiento laboral, fenómeno conocido como presentismo.
La magnitud económica de este fenómeno es considerable. En Estados Unidos, por ejemplo, la pérdida anual de productividad asociada a mortalidad por cáncer se ha estimado en cerca de US$147.600 millones, cifra que puede superar los US$300.000 millones si se consideran cuidados informales y actividades domésticas. En Europa, los costos asociados a días laborales perdidos por cáncer superan los €9.500 millones anuales.
En Chile, aunque la evidencia aún es limitada, algunas estimaciones sugieren que el impacto económico del cáncer es significativo. Se ha estimado que la enfermedad reduce la fuerza laboral en el equivalente a 26 de cada 200 trabajadores a tiempo completo. Más allá del ausentismo o el presentismo, el cáncer también puede traducirse en pérdida de capital humano y fuga de talento desde las organizaciones, afectando a personas que muchas veces se encuentran en etapas de alta especialización y productividad.
A pesar de estas señales, esta sigue siendo un área poco investigada en el país. No contamos con una línea base robusta que permita comprender con mayor precisión cómo el cáncer afecta las trayectorias laborales, el funcionamiento de las empresas o la productividad nacional. La ausencia de información sistemática dificulta el diseño de políticas públicas y estrategias empresariales adecuadas.
Avanzar en esta agenda requiere promover investigación que permita dimensionar el fenómeno en Chile y fortalecer los sistemas de información disponibles. Asimismo, resulta deseable avanzar en la elaboración de guías de buenas prácticas que orienten a las organizaciones en la gestión del cáncer en el ámbito laboral, tomando como referencia experiencias desarrolladas por otros países y agencias internacionales.
El cáncer ya no es solo un desafío sanitario. En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de diagnósticos en edades activas, también se está transformando en un desafío para el mundo del trabajo, la productividad y la sostenibilidad económica. En un país que busca crecer y fortalecer su productividad, el impacto del cáncer en la fuerza laboral es una dimensión que ya no podemos seguir dejando fuera del debate público.




Comentarios