Desigualdad, financiación y supervivencia
- 4 feb
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Dr. Osvaldo Arén, Médico Oncólogo.

El cáncer se ha consolidado como uno de los principales desafíos en salud del siglo XXI. Sin embargo, más allá de los extraordinarios avances científicos —como la inmunoterapia y las terapias dirigidas—, el factor que con mayor frecuencia determina qué tratamiento recibe un paciente no es la biología del tumor, sino el país en el que vive.
En pleno Día Mundial del Cáncer, esta realidad resulta tan incómoda como ineludible.
Hoy conviven tres grandes realidades claramente diferenciadas. En los países de altos ingresos, el acceso a la innovación suele ser temprano, aunque cada vez más tensionado por problemas de sostenibilidad financiera. En los países de ingresos medios, el acceso es tardío, fragmentado y profundamente desigual, dependiendo del subsistema de salud, de fondos especiales o incluso de decisiones judiciales. En los países de bajos ingresos, la situación es aún más crítica: las opciones terapéuticas se limitan a tratamientos básicos y las barreras económicas condicionan de forma directa la posibilidad misma de recibir atención oncológica.
Estas diferencias no son circunstanciales. Son estructurales.
Uno de los principales factores explicativos es el precio de los medicamentos oncológicos. Los sistemas de patentes generan monopolios temporales que permiten fijar valores muy elevados, frecuentemente desconectados del ingreso per cápita y de la capacidad real de los sistemas sanitarios. La innovación avanza, pero su costo se convierte en una frontera infranqueable para millones de personas.
A ello se suma una capacidad de negociación profundamente desigual. Los países pequeños o de ingresos medios cuentan con menor poder frente a las grandes compañías farmacéuticas, lo que retrasa la incorporación de nuevas terapias o limita su financiación. El resultado es un acceso tardío que, en oncología, se traduce en pérdida de oportunidades terapéuticas y, en muchos casos, de vidas.
Existe además un factor menos visible, pero igualmente decisivo: la infraestructura diagnóstica. La medicina oncológica moderna exige diagnóstico molecular, biomarcadores y patología de precisión. Cuando un medicamento innovador se financia de forma tardía o sin el soporte diagnóstico adecuado, su impacto real se reduce de manera significativa. La innovación, sin contexto, pierde valor clínico.
La paradoja es evidente. Nunca antes se dispuso de tantas herramientas para tratar el cáncer, y nunca antes la brecha entre quienes acceden y quienes quedan al margen fue tan marcada.
La innovación en oncología avanza a una velocidad sin precedentes. Sin embargo, esa innovación no llega a todos por igual. En este Día Mundial del Cáncer, vale recordarlo con claridad: las diferencias regionales en el acceso y la financiación de los medicamentos contra el cáncer se han convertido en un determinante directo de la supervivencia. No se trata solo de economía o de mercado. Se trata de vidas humanas.




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