Diagnóstico: Desigualdad
- comunicaciones823
- 14 jul
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La urgente mirada al cáncer con perspectiva de género.
ROC entrevistó en forma exclusiva a la única latinoamericana que integra la Comisión Mujer, Poder y Cáncer en The Lancet, la destacada referente mexicana Dra.
Maite Bourlon. Además, nos adentramos en el tejido de la triple carga de desigualdad que también enfrentan las chilenas: mujer, poder y cáncer.

De los 2.3 millones de mujeres que cada año mueren prematuramente de cáncer, 1.5 millones de vidas podrían salvarse si se eliminara la exposición a factores de riesgo clave o mediante la detección precoz. Otras 800 mil muertes podrían prevenirse si todas las mujeres accedieran a una atención oportuna y de calidad contra el cáncer.
La Comisión Mujer, Poder y Cáncer de la prestigiosa revista científica The Lancet, publicó en 2023 un estudio arrollador con esta evidencia, y hace pocas semanas dio a conocer los parámetros para lograr que los países incorporen un enfoque de género interseccional en la atención del cáncer en todas las políticas y directrices relacionadas con el cáncer en mujeres, ya sean pacientes, proveedoras de atención médica e investigadoras.
En la génesis de la Comisión Mujeres, Poder y Cáncer, está la premisa de que “el cáncer constituye una amenaza para la salud pública y un desafío económico cada vez más importante para todas las personas del mundo, pero tiene un impacto desproporcionado en la vida y el sustento de las mujeres, lo que genera impactos posteriores para la sociedad”, abordando de forma crítica y estructural la intersección entre género, desigualdad —no solo de género, sino también de clase, raza, territorio y otras condiciones estructurales— y cáncer, identificando las grietas y consecuencias negativas de las asimetrías de poder en la salud de las mujeres.
De forma clara y didáctica, la única latinoamericana que integra la Comisión Mujer, Poder y Cáncer de The Lancet, la doctora mexicana Maite Bourlon, nos explica que “esta iniciativa trata de hacer un mapeo, pero no de cuál es la situación de la mujer que la predispone a tener cáncer, sino de cuáles son las estrategias de diagnóstico temprano a que toda mujer debería de tener acceso y que por distintos motivos culturales, religiosos, económicos o de los sistemas de salud, muchas veces enfrentan obstáculos para acceder a un diagnóstico temprano”.
Ante la pregunta sobre ¿cuáles serían aquellas realidades estructurales posibles de modificar para esta necesaria visión del cáncer con perspectiva de género?, la investigadora responde: “Lo primero es la educación de la mujer, que todas nosotras sepamos qué estudios nos tenemos que hacer y cuáles son las valoraciones para poder llegar a un diagnóstico temprano. Que no existan barreras culturales como el miedo. Por ejemplo, quizá hay pacientes que no se quieren someter a un procedimiento como el Papanicolaou (PAP) o mamografía. Entonces, toca hacer una estrategia de educación, para que la población esté consciente de los riesgos que tiene y en conocimiento de que estos exámenes podrían minimizar sus riesgos con un diagnóstico temprano.
Lo segundo, es que evidentemente tiene existir una contraparte del sistema de salud y política, que es estructural. Los gobiernos tendrían que establecer programas y tener acceso a evaluar al menos al 80% de la población para tener impacto, por ejemplo, en detección de cáncer de mama con mamografía.
Y, tercero, debe existir una política de salud gubernamental que conduzca estos resultados, porque de nada sirve diagnosticar a una paciente si no tiene acceso a un oncólogo, a un tratamiento, a un cirujano o a una radiación”.
La triple carga de desigualdad que enfrentan las chilenas
Del impacto de las inequidades que golpean con más fuerza en Chile a quienes están en situaciones de vulnerabilidad, entre ellas las mujeres, nos habla la investigadora de la UDD Báltica Cabieses. Una carga biológica, social y estructural que evidencia las brechas persistentes entre género, poder y salud: “La jerarquía social predice tus riesgos en salud y mortalidad prematura”.
“En 2023 publicamos un estudio —“Distribución socioeconómica de la esperanza de vida y de la esperanza de vida saludable en Chile”— que miraba la esperanza de vida en Chile, separando a hombres de mujeres. Encontramos que las mujeres viven más, en promedio ocho años, pero la calidad de vida es muchísimo peor. Entonces, ¿qué sacamos con vivir más, si lo hacemos con muy mala calidad de vida?... Esto tiene una clara gradiente social, en términos educativos, es decir, hay evidencia reciente en Chile que muestra que si bien nuestra esperanza de vida promedio total poblacional es muy alta, entre 80 y 81 años, cuando uno lo separa entre hombres y mujeres, hay claras diferencias. Siendo que las mujeres vivimos un poquito más que los hombres, la calidad de vida que tenemos es mucho peor. Y si lo ajustas por nivel educacional, las mujeres con menor nivel educacional tienen muchísima peor calidad de vida que las de mejor nivel educacional. Esto da algunas pistas, que la esperanza de vida y los resultados de salud poblacional, incluido el cáncer, son el espejo visible, el resultado de muchas cosas que pasan en la vida de una persona, en su contexto particular”, analiza la investigadora.
Lee el reportaje completo aquí: https://revista.observatoriodelcancer.cl/edicion-1/#1_48




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